El dolor es inherente a la organización de los seres superiores, es decir, consciente, siendo una sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo, ya sea por causas externas o internas, ya por acción directa o refleja.
La intensidad de la sensación depende más del individuo que del agente, con relación a su capacidad física y síquica. Como sensación que es, se percibe referido a una zona determinada, cuando un estímulo sobre pasa el límite máximo específico de las terminaciones nerviosas, o cuando se puede producir o se produce un daño celular por distintas causas. Siempre es percibido como una sensación desagradable, que naturalmente se rechaza, evitándola en lo posible, para de esa manera mantener la integridad física.
Frente a cualquier sensación dolorosa, como fenómeno de protección, aparecen inmediatamente los reflejos de defensa automáticos, intentando el alejamiento del agente productor, y al mismo tiempo, comienzan los procesos naturales de restauración de lesiones.
Los dolores relacionados con órganos internos, nos indican de manera primaria que el órgano o las funciones correspondientes a él, no se encuentren totalmente normales, por causas que se deberán determinar.



